La gran zanja

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Nuevo post de opinión para #FiltroValencia de La Vanguardia CV. En estas semanas ha tenido lugar la disputa interna en el seno de Compromís, con dimisiones de pesos pesados dentro de la ejecutiva. Ya sabéis que si queréis leer el artículo original, clic aquí.

Ya han pasado unas semanas desde el cisma compromisario. Para quienes vemos la política con palomitas en la mano, ¡qué bien nos ha venido esto del cambio de gobierno! En tan sólo seis meses hemos visto un pacto de investidura, un intercambio de cromos en la administración que ya quisiera Panini, y una disidencia importante en uno de los socios del gobierno bicolor. Sobre este último evento de la política valenciana nos centraremos hoy.

Como sabéis, a propósito de las elecciones generales, la coalición electoral entre Compromís y Podemos ha supuesto más de un disgusto en la casa naranja. En principio los números dan la razón a la coalición, al menos si seguimos a Oscar Barberà, Jorge Galindo o Antonio Alaminos, en tanto que juntos tendrán más votos que por separado. La cuestión, independientemente del resultado –que conoceremos en menos de un mes-, es cómo ha afectado al propio partido-coalición y si tendrá consecuencias entre su electorado.

 He querido hacer este post casi un mes después porque los maremotos, en política, suelen semejarse más a olas grandes que otra cosa aunque, por lo que parece, aquí hay mar de fondo que viene de lejos. La dificultad principal a la que se enfrenta una coalición electoral, hablo de Compromís, formada por tres partidos es que las divisiones sean percibidas por la opinión pública como inestabilidad interna –pecado capital en esta sociedad nuestra. Si además se creen aquello de la democracia interna y la opinión de las bases, la situación se torna más compleja porque se tienen que consensuar tres voces hasta convertirlas en una sola… y ya sabemos que eso de oír voces es un poco esquizofrénico, si se me permite la frivolidad. Ahora bien, cuando vienen bien dadas son un ejemplo de pluralidad, lo que se traduce en una mayor aceptación y expansión entre el electorado.

El caso es que las diferentes posiciones de este envite político eran entendibles y criticables. Por un lado, el liderazgo de Mónica Oltra y la posición de Iniciativa, favorables a la coalición con Podemos, con quienes comparten gran parte del directorio ideológico. Por otro lado, la coherencia de algunos miembros de la ejecutiva del Bloc presentando su dimisión de la ejecutiva al considerar que esa coalición para las elecciones estatales pone en entredicho algún que otro pilar ideológico del partido. Siempre se agradece que los políticos mantengan sus principios hasta el final, comportamientos a los que estamos poco acostumbrados. Más allá de posibles lógicas internas y enfrentamientos personales -que no dudo que existan tras estas dimisiones y que se me escapan-, me parece que es de reconocer la actitud de Consol Castillo o Jordi Sebastià, entre otros. Y en medio de ambas posiciones encontramos la estrategia política que han demostrado quienes lideran la coalición naranja, especialmente el sanedrín del Bloc, por actuar conforme hemos esperado siempre de la izquierda: primar las coincidencias y relegar las divergencias a segundo plano. Sí, esto podría ser contradictorio con el punto anterior, pero a mi modo de ver, es un ejercicio de gestión de la diversidad y prevalencia de la estrategia política que reflejan una mentalidad ganadora.

Por cierto, el acabose mediático que vivimos hace un mes con este tema parece excesivamente lejano… como siempre. Y dicho sea de paso, esto nos sitúa unas semanas más cerca de las elecciones, con los partidos calentando los motores de la campaña y los angelitos y demonios de cada elector frotándose las manos. Sí ¿no os había hablado de ellos? Son una reminiscencia religiosa inoculada en los humanos que reflejan un dilema y por el que, sí o sí, tenemos que decantarnos. En este caso, ¿sería el voto estratégico vs el voto ideológico? Estos pequeños seres imaginarios suelen ser especialmente activos en los últimos cuatro días antes de depositar el voto y para ese momento, el cisma compromisario quedará a años-luz. Veremos si la promesa de una mayor representación en España es suficiente para salvar la gran zanja en la aldea naranja.

 

Mónica Oltra vicepresidenta del Ejecutivo Valenciano
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