El 9 d’Octubre del cambio

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Nuevo post de opinión para #FiltroValencia de La Vanguardia CV. Hoy sobre el día “nacional” del territorio valenciano. Ya sabéis que si queréis leer el artículo original, clic aquí.

Sí, estamos en la víspera de la víspera del 9 d’Octubre. Sí, con mayúscula. Y sí, parece que a mí también me ha imbuido el espíritu fundacional que recorre la ciudad desde el pasado domingo. Estamos a 48 horas de celebrar el 9 d’Octubre del cambio…. No miento, lo he leído. Otra cosa no, pero cambio, mucho. El para qué lo podemos debatir; pero antes dejadme que os hable de él.

¿Sabéis eso de cuando vas a una tienda y te envuelven el regalo en un paquete que es un maravilla y te da hasta cosa abrirlo? Pues eso me pasa con el día D. Hay tal esmero en el packaging que no puedo dejar de darle vueltas: cuñas de radio, prensa, dípticos, rutas históricas y ¡hasta un vídeo del señor alcalde! No quiero imaginarme qué hubiera pasado –mediáticamente hablando- si lo hubiera hecho la anterior inquilina del consistorio municipal; ¿hay cierta indulgencia con este vídeo de tintes caseros –en el peor sentido de la palabra- que retrotrae automáticamente a Nochebuena? Está claro que hay que valorar los esfuerzos por la comunicación institucional, pero no todo vale ni todo es aceptable. Si nos creemos esto de la comunicación, nos lo creemos igual que ponemos en marcha cualquier política pública o hacemos un informe técnico sobre los mercados de la ciudad, por ejemplo. ¿Acaso no es esta una de las premisas de la nueva política?

Esto de la estética y su sentido me ha llevado a detenerme y analizar –por encimica- el díptico repartido en la acción Nou palaus per al 9 d’Octubreque consistió en la apertura de nueve palacios “que difícilment es poden visitar” con motivo de la fiesta gitana –entiéndase por duración- que se ha convertido este 9 d’Octubre del cambio. Sí, parecemos un pueblo es sus fiestas patronales: desde el domingo hasta el viernes. El caso es que la celebración del mito fundacional de nuestra ciudCULTURA valenciana ha permitido admirar ese esplendoroso pasado. Como os podéis imaginar, fue un éxito con colas eternas, música, selfies por doquier y jolgorio urbano. Y de buena tinta sé que las rutas de esta semana para visitar la Generalitat se han quedado cortas ante tanta demanda. Bien está lo que al pueblo gusta.

Os hablaba del díptico, que está muy bien porque hay fotos, un mapa y explica brevemente la historia de los palacios visitables. Pero -porque siempre hay un pero- hay algo que no me cuadra y con ello enlazo con el para qué de todo este packaging del 9 d’Octubre del cambio. Al leer el díptico no puedes menos que pensar “joer, qué pasado tenemos” así, en una especie de subidón identitario. En esta borrachera de pasado,leemos en el párrafo introductorio que la celebración de este día se inicia en el siglo XIV, dando a entender que así ha sido ininterrumpidamente hasta la actualidad (que desconozco si es así o no) y, de repente, en un giro inesperado del vórtice temporal, nos plantamos en el presente:

“… el poble valencià, el qual amb aquesta tradició vol insistir en la seua arrelada voluntat de fer valdre els valors de la llibertat, la concòrdia i la solidaritat amb l’esperit d’un poble que mira cap al futur”.

 

Perdónenme señores escritores del díptico, esto es un cuqui juego de palabras, referentes simbólicos e ideario político en toda regla. Nos está hablando del pasado, de un hecho histórico como es la conquista de la ciudad y de la celebración de ese evento para conectarlo, como quien no quiere la cosa, con los valores políticos que ellos –los escritores del díptico- tienen. De esta manera se entremezcla historia y política, eso sí, muy elegantemente. Y eso cuando se supone que hacemos esto porque mola nuestra historia independientemente de nuestro color político, ¿no? ¿O jugamos a hacer política partidista con el mito fundacional como hacían los otros? Igual es que esto de la nueva política sólo tiene de nuevo la forma, ya sabéis, el packaging…

Da la sensación que se quedan en el efectismo, en hacer mucho ruido –y buen ruido, la verdad- pero en el trasfondo queda todo difuso y abierto… tan abierto que si somos de un posicionamiento político u otro, lo podemos interpretar tanto como un síntoma real de cambio o como un escaparate bonito y emotivo. Ahora bien, también os diré que no sólo de estética vive el ser humano y que en este 9 d’Octubre del cambio no todo es forma. También hay contenido. Sí. Estos ojitos verán –seguramente a través de Twitter- la procesión cívica sin injerencia religiosa. Porque eso, señoras y señores, sí es nueva política.

 

 

*Quienes gustéis de saber el uso de las celebraciones del pasado (centenarios y eso) con una intencionalidad política, recomendado queda el capítulo IX “La movilización nacional-católica” de Mater Dolorosa La idea de España en el siglo XIXde José Álvarez Junco o el capítulo 12 “XXV de paz en números romanos” de “ El cura y los mandarines (Historia no oficial del Bosque de los Letrados). Cultura y política en España, 1962-1996 ” de Gregorio Morán. 

 

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