Tiempos de hilo grueso

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Os traigo el último post para La Vanguardia CV antes de las vacaciones de verano. Supongo que será el calor, un ritmo más pausado en la empresa y el inminente descanso estival, pero me ha dado por reflexionar sobre el tiempo (cronos) y la sociedad a través del ganchillo. Si queréis leer el artículo en versión original, seguidel enlace.

 

La RAE define aguja de gancho como “Instrumento de metal, hueso o madera, uno de cuyos extremos tiene forma de gancho, y que sirve para hacer labores de punto”. Comúnmente llamado ganchillo. El otro día miraba a mi madre hacer ganchillo. Es de esas cosas con las que te embobas, miras, no entiendes nada, pero sigues mirando. Palito arriba, palito abajo, giro de muñeca, vuelta de hilo y, por arte de magia, el tejido va creciendo. Pero me sorprendió el artilugio que utilizaba. Estoy habituada a verle con el típico ganchillo de metal, con forma circular y el gancho en el extremo; pero esta vez estaba utilizando un instrumento nuevo. Sí, era considerablemente más grande, la forma tubular dejaba paso a una rectangular y era de color naranja. Estaba entusiasmada ante tal evolución ganchetera, acostumbrada tantos años a ver el aburrido gris metal.

 

Y como no podía ser de otra manera, surgió la conversación, pues ese es el fin de toda labor artesana: la de hablar banalidades para, de pronto, soltar una quote trascendental que ya quisiera Sócrates. Me comentó que estos nuevos ganchillos son mucho más cómodos que los tradicionales porque son más fáciles de sujetar y se hace menos fuerza. Sé que esta información solo será útil para los doctos en la materia; para los demás, como si os hablo de polumbis. El caso es que dijo que ahora, por tónica general, los ganchillos son más gruesos que antes; de hecho los más finos son reliquias de abuela -o bisabuela en nuestro caso-. “¿Y por qué es eso?” le pregunté mientras seguía embobada mirando el movimiento crochetístico. Ella, sin parar, me miró por encima de las gafas y soltó “pues porque la gente de ahora ya no tiene paciencia”. Ahí lo tenéis. Sócrates de bolsillo. Con esto explica el mundo.

 

Pero antes de proseguir, permitidme la explicación para los no iniciados en crochet: el gancho fino es para hilo más fino, incluso para hilo de coser, lo que significa que es más laborioso y cunde menos. Es decir, se tarda más en acabar la pieza. Traducción: tejer con hilo más grueso implica que no hay sacrificio -ni cuerpo que aguante hacer un jersey de ganchillo con hilo de coser- porque esto supone tiempo. Bendito tesoro. Hoy en día no hay tiempo para nada y por tanto, se valora la inmediatez, el ya y el ahora frente a esa sociedad en la que se primaba el resultado final porque, de otra cosa no, pero de tiempo libre se disponía y mucho. Y toda esta reflexión filosófica por un hilo.

 

Nuestras abuelas y bisabuelas podían pasar un invierno entero haciendo ganchillo para hacer un mantel o un visillo, incluso una colcha para la cama de matrimonio. No olvidemos que era una faena de mujer, que se unía a llevar la casa, criar a los hijos, ir al campo o fer mornell, cuidar de los mayores, ir a misa o contentar al marido. No era un hobby hipsteriano con reminiscencias vintage, era una faena más. Con el añadido de que se valoraba la capacidad –valía- como mujer, entre otras cosas, por la destreza en estas cuestiones. El caso es que todo esto pasó a mejor vida –creo que para bien, pero daría para cervecita en una terraza- y hoy en día las ganchilleras por herencia o las neófitas, tienen esta práctica como un pasatiempo artístico: desarrollo de la creatividad, algo con lo que llenar el tiempo, utilidad, sentimiento de trabajo hecho con tus propias manos. No lo pongo en duda, pero todo esto venía por el comentario “no tienen paciencia”, no lo olvidemos.

 

Exacto, la evolución de esta práctica artesana esconde la transformación de la sociedad y de sus individuas. Hemos pasado de hilvanar con hilo fino a dar puntadas con hilo grueso. Ahora somos una sociedad más compleja cuya mayor transformación reside en el uso del tiempo. La aparición del tiempo libre (ocio) ha supuesto una verdadera metamorfosis en las estructuras sociales y en las prácticas y comportamientos. El tiempo es el que es, decían en la serie El ministerio del tiempo, sí; pero hemos cambiado el uso que hacemos de él y su valor. No soy de las que piensa que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos, pero eso no exime a que piense que vivimos muy rápido y miramos constantemente al futuro sin pararnos en el presente, por mucho carpe diem que nos quieran vender.

 

Podría ponerme más transcendental, si cabe, pero estoy en mi último post antes de vacaciones y lo que realmente me apetece es tomarme una horchata mixta. Encender el modo vacaciones, ese en el que no haces nada, dejas pasar el tiempo… No haces nada productivo, obvio, porque cosas haces y muchas. Como por ejemplo, ganchillo.

 

Yo por lo pronto, espero no hacer nada, que ya es mucho… porque a la vuelta tenemos una campaña electoral en toda regla.

 

¡¡Feliz descanso estival!!

Tiempos de hilo grueso

Ganchillera Aida Vizcaíno

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