La Valencia vibrátil

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¡Nuevo post en La Vanguardia CV y ya van 10! Parece mentira pero #FiltroValencia alcanza la decena de artículos. Esta semana sobre el València Vibrant, un espacio de reflexión sobre la ciudad que celebra su segunda edición. Ya sabéis que si queréis leer el post en su estado original, debéis hacer clic en este enlace.

 

Vibrátil.

1. adj. Capaz de vibrar.

 

Espacios de reflexión ha habido muchos y de múltiples formatos a la largo de la historia. Desde la manida ágora griega, más desgastada casi por su uso en este tipo de posts que por el paso de 2500 años, los cafés y tertulias decimonónicos o las más recientes fundaciones auspiciadas por los partidos -a los que les animan a reflexionar en una línea determinada-. Incluso la calle se ha convertido en alguna ocasión en un potentísimo lugar de reflexión. Todos ellos espacios más o menos formales en los que comunicar, conversar, intercambiar e incluso discutir sobre los temas que preocupan en ese momento a los tertulianos y que se puede presuponer sean exportables a la sociedad. En definitiva, lugares comunes en los que pensar cómo mejorar nuestro presente.

 

Y el València Vibrant es uno de esos espacios. Pese a su condición experimental, esta es la segunda edición y tiene visos de una tercera. La iniciativa nace con la voluntad de ser un espacio de reflexión y un lobby ciudadano. Pero vayamos por partes porque aquí hay enjundia.

 

Para empezar, cuando hablamos de espacios de reflexión, entiendo que se tienen que dar varios elementos sin los que no sería posible su desarrollo. El primero es que sea un espacio –físico o no- que esté acotado, que tenga límites y donde podamos decir qué es vibrant y qué no. En este caso es un espacio y además, un lugar, la Rambleta. El segundo elemento a considerar es que tenga generadores de opinión, esto es, personas y personajes que tienen algo que decir, sea una idea, una propuesta, una experiencia. Ellos son los dinamizadores de las ideas. En nuestro ejemplo, efectivamente sí hay generadores y generadoras, más de los primeros que de las segundas, pero todo se andará. El tercer elemento es la existencia de replicadores, en el buen sentido, sin malinterpretar, por favor. Personas con criterio que forman parte del diálogo y que procesan la información que allí se cuece para replicarla, cual cascada, a sus respectivos círculos y redes sociales. Twitter e Instragram lo petan en el Vibrant. Como os podéis imaginar, el pasado viernes había muchos de estos replicantes, de todos los tipos, colores, formas… incluso algún velociraptordespistao se paseó por el búnker soleado. Y finalmente, el cuarto elemento es la envoltura. La comercialización. El maravilloso packaging que hace atractivo el producto –el espacio de reflexión- y se convierte en catalizador de nuevos generadores y replicantes, y muy sugerente para los medios de comunicación. Y de esto los vibrantes andan sobrados. ¿De qué sirve ser un espacio de reflexión si se queda en cuatro gatos? Extender las ideas, conceptos e incluso utopías generadas en estos espacios es su razón de ser ¿Cómo va a llegar a los políticos si no es de esta manera? No estamos ante corrientes alternativas –en sentido peyorativo- ni siquiera ante contracorrientes, estamos ante esa otra Valencia, la social, la que se mueve a un ritmo diferente de la oficial; que no incomoda si no todo lo contrario, embelesa.

 

Este ha sido mi primer año en el Vibrant y me han sorprendido muchas cosas, unas para bien y otras para no tan bien. El lugar y el ambiente que se respiraba, genial. Estábamos todos más pagaos que pagaos. Begoña Rodrigo, la cocinera (detengámonos en qué hemos pensado al leer la cocinera y qué hubiéramos pensado si pusiera cocinero). Me gustó tanto en forma como en contenido. La mesa estrella –que arrastró a la corporación municipal casi en pleno- compuesta por Ricard Pérez Casado, alcalde de la Valencia ochentera; José Miguel G. Cortés, director del IVAM; y Josep Vicent Boira, geógrafo de referencia en la ciudad; no defraudó ni muchísimo menos. ¿Algunas perlitas? Pues “la vertebració del País Valencià es farà sobre les ciutats o no es farà” o la reivindicación de “la micropolítica para cambiar hoy, no mañana”.

 

Lo que me faltó: vi poca crítica, constructiva y consistente, hacia esa Valencia oficiosa de la que tanto se hablaba. Pocas propuestas prácticas y acciones concretas. Y sobre todo mucha autocomplacencia y postureo. Empezando por el público, entre los que me cuento. No creo que sea un sitio en el que reafirmarse; de hecho, ese sería el más grande de los errores que se podrían cometer.

 

El València Vibrant nace con la voluntad de ser un referente de la ciudad y se intuye que lo será, pero debería apostar más por la práctica, no tanto por la reflexión etérea, y superar la crítica banal y facilona a los políticos, que abundó, todo sea dicho, en esta segunda edición. Me gusta el concepto, el envoltorio y la visión de ciudad que proponen los vibrantes. Supongo que será por eso de compartir imaginarios colectivos.

 

La Valencia vibrátil

Fuente: Evento València Vibrant en 2014 Eva Máñez

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