Una plaza, dos plazas, tres plazas

ImagenFiltroValencia

 

Vuelvo una semana más con mi post en Filtro Valencia de La Vanguardia CV, esta vez sobre el espacio político-público, la Plaza del Ayuntamiento de Valencia y la re-apropiación ciudadana. Bueno y Hannah Arendt, claro.Me hace especial ilusión comenzar el post con uno que escribí en 2012 para el Blog de AVAPOL y aquéllas reflexiones cotidianas que tanto me gustaron. Y sabéis que si queréis ver el post en su versión original, debéis visitar este enlace

 

“Estos días he estado reflexionando sobre la calle y la necesidad de re-apropiarnos, como ciudadanos, nuevamente de ella. Pero diréis ¿por qué debemos hacer tal cosa? A mi modo de ver os diré que, en estos momentos de cambio, de crisis –en sentido absoluto- es necesario transformar nuestro día a día como paso para transformar el todo ¿No dicen que el movimiento se demuestra andando? Pues andar se anda en el día a día, de casa al trabajo, de camino a la universidad o yendo a la heladería a tomar una horchata. No sólo andamos en las manifestaciones o cuando vamos a votar. Desde hace un tiempo, mis pensamientos se centran en la cuestión de la recuperación (sí, está perdido) del espacio público por parte de los ciudadanos porque es clave para la regeneración democrática de este siglo XXI. Y, reflexionando, reflexionando he llegado a la conclusión que para analizar este hecho, necesitamos ir más allá de la dimensión física y situarnos en la simbólica, o al menos tenerla en cuenta. Es decir, la escasa presencia real que tenemos en la esfera pública tiene una correlación con la simbólica, lo que se traduce en unos valores, comportamientos y símbolos asociados al espacio público”

 

Estas palabras las escribí allá por el verano de 2012, y me han venido de nuevo a la mente tras ver las imágenes del pasado sábado en la Plaza del Ayuntamiento. Salvando las distancias -que el papel es muy sufrido- sigo siendo una convencida de eso de la apropiación del espacio público-político por parte de la ciudadanía. Es decir, la calle no está solo para pasearla, las plazas no están solo para disfrutar de un café en una terraza y las fuentes no están solo para celebrar los acontecimientos deportivos. El espacio común, el de todos, tiene múltiples usos: políticos, festivos, reivindicativos, lúdicos, artísticos… Y esa apropiación normalizada, esos diferentes usos del espacio público por parte de la ciudadanía, reflejan, a mi parecer, el nivel de madurez, calidad y salud democrática de una ciudad.

 

Pues bien, como os decía, el pasado sábado tuvo lugar la investidura del nuevo alcalde de Valencia. Era un día que rezumaba historidad por los cuatro costados así que nadie se lo quiso perder. Digo nadie porque el pleno estaba lleno, la sala contigua a rebosar con muchas caras conocidas de la sociedad civil y política valenciana, y la prensa al completo deambulando por allí. Y, sobre todo, había mucha gente en la calle. Mejor dicho, en la plaza. Y es ahí a lo que vamos.

 

La Plaza del Ayuntamiento se llenó -bueno no tanto, que luego me decís que soy una exagerada- de gente para recibir al nuevo alcalde de Valencia. Exacto, no se congregaron para celebrar un triunfo deportivo ni para ver una mascletà ni para patinar sobre hielo. No. Fueron a dar la bienvenida a la corporación municipal. Ya sé que alguno estará pensando que eran cuatro afiliados y simpatizantes del tripartito de la Nau. Vale, de acuerdo; pero yo no recuerdo ni cuatro –ni tres, ni dos, ni u, ni mig, ni cap– en las pasadas elecciones municipales, ni tampoco en las anteriores. Así que por combustión espontánea –previo mensajito de whatsapp– los ciudadanos se arremolinaron a las puertas del consistorio para ver la salida de los políticos por la puerta grande, a pie de calle, y no por el balcón, como en los cielos. Y eso es algo a tener en cuenta.

 

Lo cierto es que la plaza parece estar desempolvando su dimensión política, desatendida durante los últimos tiempos. De hecho, da la impresión de que quiere recuperar su lugar en la ciudad, volver a ser el espacio político-público donde expresar nuestros desacuerdos, apoyos, críticas, alegrías y desencantos de los asuntos públicos. Ese es el papel que le corresponde a la plaza, el espacio simbólico del poder. Emilio Castelar en la II República, El Caudillo durante la dictadura, País Valenciano durante la transición y la Plaza del Ayuntamiento desde 1987 son los nombres que ha tenido y que manifiestan ese espacio de poder. Bueno, y la del Quinze de Maig durante unas horas, pero eso no cuenta… ¿o sí?

 

¡Claro que cuenta! ¿Cómo no iba a contar? De aquellos barros, estos lodos. Ese movimiento, periférico en medio de la centralidad, supuso una apropiación política-pública de la plaza por parte de la ciudadanía que hacía tiempo no se veía en Valencia. Paremos un momento. ¿Qué lugares –urbanos- os vienen a la cabeza en los que hubiera una acción política importante? Pienso en Cabanyal-Canyamelar, en huertas varias o en la subestación de Patraix, entre otros. Todos periféricos –que para eso los elijo yo, pero podéis buscar céntricos, que alguna hay-, más allá de la sombra del Micalet. Hasta la llegada del 15M, que se apalanca en la mismísima plaza, en el centro del poder real y simbólico de la ciudad. Y ya sabemos que algo de conexión entre aquél movimiento y que hoy el alcalde abra las puertas del ayuntamiento, hay.

 

En fin, es necesario que los ciudadanos nos apropiemos –en el buen sentido, nada de antorchas y hogueras- del espacio público como espacio político, porque eso significa compromiso político y control al político. Ah, y por cierto, de todos los nombres que ha tenido me quedo con el último, con la Plaza del Ayuntamiento, sin personalismos, sin partidismos, porque ese nombre ya es mucho decir. Sencillamente refleja lo que es, la plaza de la casa del pueblo.

 

“El espacio público solo llega a ser político cuando se establece en una ciudad, cuando se liga a un sitio concreto que sobreviva tanto a las gestas memorables como a los nombres de sus autores, y los trasmita a la posterioridad en la sucesión de generaciones” Hannah Arendt (pág. 74 de “¿Qué es la política?” en Paidós Ibérica, 1997).

 Una plaza, dos plazas, tres plazas
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s