En busca del pacto encantado IX

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Tras esta semana tan convulsa, políticamente hablando, con enfados, pataletas, tensión y mucho Twitter llegamos a un domingo de paz. Alcaldes y alcaldesas que han podido respirar tranquilos; y los políticos autonómicos firmando “L’Acord del Botànic” que quedará para la posteridad. Y mientras todo esto ocurría, yo reflexionaba sobre esto de los pactos en #FiltroValencia de La Vanguardia CV. Si queréis leer el original, aquí tenéis el enlace.

 

Sí, pactos, pactos y más pactos. El post de hoy irá sobre el tema que ocupa páginas de prensa, megas de portales y minutos de radios desde el mismísimo 25M. ¿Pero qué puedo aportar que no se haya dicho ya? ¿Acaso habré hablado con el señor Miquel y ya sé el resultado del PACTO? Pues no, no sé cómo va a quedar el Consell, ni quien llamará al orden a sus señorías, ni quién hará funcionar con rigor y seriedad el portal de transparencia. Lo que sí me parece percibir es cierta impaciencia mediática. ¿No os da la sensación de que se está generando una presión en los medios de comunicación que corresponde con una presión ciudadana, en general?

 

Este fin de semana he estado de reunión familiar; ya sabéis, comida y bebida a mansalva, política y fútbol. Lo típico, vamos. El caso es que observaba a mis consanguíneos y os puedo asegurar que no tenían esa ansiedad que me parece percibir, ni muchísimo menos. De hecho, el interés por saber la conformación del próximo gobierno valenciano se tornaba en cotilleo más que en una verdadera inquietud. ¿Serán los medios unos cotillas? ¿O es que, realmente, es imperioso tener presidente o presidenta ipso facto? ¿Es una cuestión de vida o muerte esto de estar sin gobierno semana arriba, semana abajo? Me lo pregunto aunque mi cabeza se empeña en decirme que no es necesaria tanta celeridad. La administración tiene sus tiempos, sus resortes, se debe reorganizar –por operatividad y por lealtades, no lo olvidemos-, vamos cara al verano y, sobre todo, la administración no está paralizada; aunque no os lo creáis, hay funcionarios trabajando. Sí, sí, de verdad. Así que, si no es una cuestión de salvaguarda para evitar el colapso ¿por qué tanta prisa y presión a los partidos? A ver si va a ser cierto que les mueve la xafarderia… No, seguro que no, debe ser otra cosa que se me escapa.

 

Igual es que como no estamos acostumbrados a ver pactos políticos en estas tierras –desde los noventa con Zaplana y Lizondo-, se respira cierta ansiedad por saber el desenlace. Es curioso ver cómo desde hace meses, incluso años –al menos un par-, se está hablando de un escenario en el que un tripartito –cuestión aparte es que Podem haya sustituido a EU- deje fuera del gobierno al PP. Y ahora que ha llegado el momento y que estamos en plena función, no lo saboreamos. Me explico. La cultura de pactos implica negociación previa a la constitución del gobierno, así como negociación durante el mandato. Se ha acabado eso de decidir a puerta cerrada entre tres mandamases. Ahora lo harán entre siete u ocho. Y eso significa que todo se tiene que dialogar, discutir, repartir y consensuar, sea a puerta cerrada o sea de manera más transparente –o, al menos, honesta-, y esto requiere de capacidades, actitudes y tiempos. Tiempo, esa es la palabra que parece que nos quema a todos. Tal vez aquello que cantaban los de Buenavista Social Club “la impaciencia de tanto esperar tu llegada” describe el ambiente que estamos viviendo, aunque con el giro de los acontecimientos de este martes, la exasperación asoma por la puerta.

 

Además, los protagonistas de esta representación no tienen experiencia en la negociación, al menos a estos niveles. No por nada, sino porque nunca han estado en esta situación. En parte por eso han elegido los pactistas oficiales que han elegido. Si os fijáis, los negociadores, además de tener el poder en sus respectivos partidos, en su mayoría son históricos de la política valenciana y vivieron aquellas épocas de coalición entre partidos valencianos. Y claro, todo esto no hace más que dar vidilla a la prensa. En todos los sentidos.

 

No sé, igual soy una exagerada y no hay tanta presión mediática. O igual estoy generalizando lo que ocurre en los barrios tuiteros, cuando los periodistas e influencers se sueltan la melena en sus cuentas personales. O igual sí que hay un poquito de impaciencia y no soy yo, que veo fantasmas donde no los hay. No sé, igual esto de la cultura política es cuestión de todos, no sólo de unos. Mientras debatimos sobre cartas y ases en la manga, ellos y ellas siguen paseando entre lavándulas, negociando a la sombra del viejo ginkgo.

 

“Pacto valenciano en el tablero español” de Salvador Enguix

“Pactos y testosterona” de Mar Esquembre

“La cultura del pacto: instrucciones de uso” de Daniel Innerarity

“Por una cultura de pacto” de Fernando Vallespín y José Luís García Delgado

 

 

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