De cuota en cuota y tiro porque me toca

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Una semana más vuelvo con el post de #FiltroValencia en La Vanguardia. El tema sobre el que he hablado ha sido el de las cuotas femeninas en los consejos de administración de las empresas y la volutariedad de la ley ¿cómo puede ser que todavía sigamos en este punto? Si quieres leerlo en su versión original, aquí tienes el enlace.

 
Experimentemos. Qué pasa si en una tertulia de políticos, en el turno de palabra, levantamos la mano y preguntamos: “¿qué opina usted sobre las cuotas en los partidos políticos?”. Pausa teatral. Ahora cambiamos de escenario y nos vamos a un debate con empresarios: “¿qué opina usted de las cuotas en los consejos de administración de las empresas?”. Sin querer generalizar –que lo voy a hacer porque ya lo he vivido- puedo imaginarme a los protagonistas incómodos, removiéndose en la silla mientras el moderador busca desesperadamente con la mirada a alguien que responda. Y ahí está, el o la valiente que coge el micro, carraspea y expele esa concatenación de palabras que conforman el mensaje; sí, ese mensaje que vayas donde vayas siempre está presente: “en mi empresa –o partido político, es indistinto- están los mejores, independientemente del género, nosotros no necesitamos cuotas”. Y se hace el silencio. Ya pasó. Se hace el silencio, decía, porque unos dan por válida la respuesta; y otros porque piensan “¿para qué?” y con ese abatimiento se refugian en sus pensamientos mientras el intrépido moderador pasa la palabra.

 

 
Supongo que a más de uno o una que me estáis leyendo os suena esta situación, para nuestra desgracia. Y yo continúo sin entender por qué sigue causando incomodidad el tema de las cuotas de mujeres en el ámbito empresarial o político. Intuyo por dónde van los tiros, aunque ese es otro cantar. Hoy quiero hablar de hechos. De hechos sobre cuotas, claro.   Hace ocho años se aprobó la Ley de Igualdad que en su artículo 75 decía que las empresas procurarán incluir mujeres en sus consejos de administración para alcanzar una presencia equilibrada. Es decir, invitaban, aconsejaban o, si queréis, sugerían a estas empresas que tuvieran consejos paritarios, aunque no las obligaban a ello. Resultado: ochos años después tan sólo el 12% de las empresas tienen consejos más o menos paritarios; sólo un 16% para las empresas del IBEX35, que ya sabéis que van por libre. Pero antes de daros mi opinión seguiremos con los hechos. Esto es lo que pasa en España, y en Europa ¿qué?

 

 
En Noruega se aprobó la ley de cuotas en 2008 y hoy el 42% de las empresas han conseguido una igualdad efectiva. Por lo que he leído en prensa, debió pasar algo parecido a lo que ocurre en el capítulo “Los hombres que aman a las mujeres” de la serie Borgen, donde la Primera Ministra danesa quería aprobar la ley de cuotas y el mayor industrial del país le informaba que si esto ocurría, deslocalizaría sus empresas. No sigo para no spoilear. En Alemania, hace tan sólo dos meses se tramitó la ley que obliga el 30% de presencia de mujeres en los consejos de administración de sus grandes empresas. Francia, Holanda e Italia también se desmarcan con legislaciones favorables a las cuotas.

 

 
Es decir, la tendencia en los países que son vanguardia en este tema es la apuesta por la obligatoriedad de la ley para conseguir una sociedad más justa en términos de igualdad. En España debemos decidir si nos subimos a ese tren o si nos quedamos con las recomendaciones y la buena fe. Así, quizá, en 2050 podamos tener lo que otros ya tienen en 2015. Por eso es necesario que tengamos este debate en la esfera pública. Un debate en el que se supere la cuestión de la meritocracia –no partimos desde el mismo lugar de salida- porque es una utopía, o una falacia, si se prefiere; o que ahonde en el tema de los beneficios de la rentabilidad de género -que parece que somos los últimos en descubrirla-, por ejemplo.

 

 
Aún, con todo, sé que el tema de las cuotas es controvertido. De hecho, muchos se escudan en el derecho a la libertad o el derecho de hacer de mi capa un sayo porque estamos en el ámbito empresarial. Pero probablemente es controvertido porque radica en la cuestión cultural y el zarandeo de los roles sociales, pues, al fin y al cabo, estamos hablando de poder ¿no?

 

 
Por cierto, los países europeos son de corte conservador y tienen claro que los beneficios de incluir mujeres en los consejos de administración es una cuestión económica y no política. Mejor dicho, es una cuestión de rentabilidad económica porque política… política es todo.

 

 
Informe INFORMA D&B 2015

Mariano-Rajoy-junto-a-los-miem_54430086569_54028874188_960_639Fuente: La Vanguardia

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