Una verdad incómoda

En la actividad de esta semana tenemos que visionar el documental “Una verdad incómoda” documental presentado por Al Gore, vicepresidente de Bill Clinton, Nobel de la Paz por su acción contra el cambio climático y Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, ambos en 2007, y relacionarlo con el texto “El análisis de los policy networks ¿una nueva perspectiva sobre la relación entre políticas públicas y Estado?”. Pues bien, pongámonos manos a la obra.

verdad incomoda

La primera idea que quiero plasmar es que el documental no me ha gustado nada. Me explico. No me ha gustado porque considero que es un documental que traspasa la frontera de la banalidad al reducir a un puñado de cifras, espectaculares (de espectacularización, claro, no de bonito y precioso, entiendaseme) efectos visuales y una anodina y reiterada alusión a la biografía del presentador, sin dejar de lado en ningún momento, la sensiblería propia de una “americanada” como diríamos vulgarmente por aquí. Considero que el tema del cambio climático es capital para nuestro presente y futuro, además que por razones personales estoy muy interesada en la cuestión medioambiental (mi tesis doctoral va por este camino) por lo que soy especialmente crítica con las demagogias varias que nos encontramos por la red.

No obstante, y es aquí donde entroncaría con el texto propuesto por la profesora Carmen Navarro, soy consciente de estas arducias como mecanismos o herramientas para llegar a la gran masa no crítica de la sociedad. Es obvio que para poder transmitir el mensaje, sea cual sea, y que llegue a determinadas capas o sectores sociales es necesario hablar su lenguaje y es por ello que los responsables de este documental han logrado su objetivo, como también lo lograra en su momento Michael Moore. Y dentro de esta lógica entenderíamos el funcionamiento de las policy networks en este siglo XXI. El uso de los medios de comunicación para la creación de opinión pública es fundamental para que ese problema se incorpore a la agenda pública y se tomen las decisiones políticas oportunas. Y qué mejor ejemplo el que estamos tratando en el que el propio presentador del documental fue premiado con los dos reconocimientos más importantes que existen como son el Nobel y el Príncipe de Asturias por su labor ante al cambio climático.

En este nuevo siglo que acabamos de empezar debemos ser conscientes que los grupos de presión -que han existido toda la vida, existen y existirán mientras el ser humano viva en sociedad- utilizan los medios de comunicación como forma de presión y de inclusión de sus temas en la agenda política. Estamos ante una etapa en la que no son los políticos quienes conforman exclusivamente la agenda sino que los diferentes actores sociales tienen cabida, capacidad y posibilidad de alterar lo que hasta ahora era inalterable: el poder de marcar la agenda. Un interesante horizonte se abre ante los nuevos paradigmas sociales…

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